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Word a PDF

Compón un documento de Word sobre papel, con sus títulos, listas, tablas e imágenes.

Suelta los archivos aquí

O pégalos, o elígelos desde este dispositivo. No se sube nada: el trabajo ocurre en esta pestaña.

Archivos en esta pestaña

Todavía no hay nada cargado.

Opciones

Cómo se llamará el PDF.

El tamaño y los márgenes que indique el archivo, o A4 con 20 mm si no indica ninguno.

pt

Un múltiplo del cuerpo del texto. 1,4 es lo que usa un libro.

Espaciado uniforme entre palabras; borde derecho irregular.

Helvetica.

Avanzado

Una fuente TrueType u OpenType para componer el texto. Necesaria para todo lo que las tipografías integradas no puedan dibujar: griego, cirílico, árabe, chino. El archivo se lee aquí, en esta pestaña, y se incrusta en el PDF.

Crear el PDF

Añade un archivo para empezar.

    Qué hace esto

    Esto lee lo que dice un documento de Word —títulos, párrafos, negrita y cursiva, listas, tablas, imágenes, enlaces, y el tamaño de página y los márgenes para los que estaba configurado— y lo compone sobre papel. Es una conversión y no un facsímil: el texto se vuelve a componer desde cero, así que las líneas y los saltos de página caen donde los pone este motor y el número de páginas puede diferir del de Word.

    Lo que no hará

    Cada herramienta de aquí dice lo que no puede hacer, con sus propias palabras, antes de que confíes en ella.

    Preguntas que hace la gente

    ¿Será idéntico a lo que imprime Word?

    No. Igualar exactamente la maquetación de Word significa implementar Word, y esto no lo hace. Lo que sobrevive es el contenido y su estructura; lo que no, la paginación propia de Word, los cuadros de texto, las formas, los encabezados guardados en el documento, las notas al pie y el control de cambios.

    No me lee el archivo .doc.

    Un .doc anterior a 2007 es un formato completamente distinto. Ábrelo en Word o LibreOffice y guárdalo como .docx primero.

    ¿Se sube mi archivo a alguna parte?

    No. El trabajo ocurre en esta pestaña del navegador, en tu propia máquina. En este producto no hay ningún servidor al que enviar un archivo, y por eso la promesa se puede comprobar en vez de tener que creerla: abre el panel de red de tu navegador y míralo trabajar sin hacer una sola petición.

    ¿Hay un límite de tamaño, o de cuántos archivos?

    Ninguno que impongamos nosotros. El límite es la memoria de tu propia máquina, porque ahí es donde ocurre el trabajo: unos cientos de megabytes van cómodos en un portátil, y menos en un móvil. No hay contador diario de tareas, ni cola, ni cuenta.

    ¿Cuánto cuesta y dónde está la trampa?

    Nada, y no hay plan de pago que desbloquee funciones: todo el producto es el gratuito. Eso es asumible porque mantenerlo no nos cuesta nada —el trabajo lo hace tu ordenador—, así que no hay coste por archivo que recuperar, ni publicidad, ni datos que vender.